
"Aunque existen variaciones en los resultados, el descubrimiento global es claro: las cámaras de velocidad reducen las heridas y las muertes", afirma Cecilia Wilson, directora del estudio, basado en la evaluación sobre la instalación de radares, determinando que éstos provocan una reacción en la actitud del conductor.
Wilson añade que "aunque algunos de los estudios no se realizaron de forma tan cuidadosa como otros, la consistencia en la forma en que los vehículos aceleran, los choques, las lesiones y las muertes se reducían en los lugares en los que funcionaban las cámaras de velocidad, lo que muestra que éstas realizan un buen trabajo".
Para ellos, "los radares nuevos que miden la velocidad media de los vehículos en tramos de carretera (gracias a dos cámaras situadas a distancia que ayudan a establecer el tiempo que se tarda en recorrer la distancia que las separa) podrían ser una solución a este problema, ya que parece una medida razonable que puede tener un impacto sostenido y positivo en el comportamiento de los conductores y tal vez cambiar la cultura del exceso de velocidad por espacio de tiempo más prolongados".
Así, los estudios indican que la velocidad se redujo entre un 10% y un 35% tras la instalación de los radares. Además, 28 de los informes hicieron hincapié en sus efectos sobre los accidentes, encontrando en todos una disminución de colisiones en las zonas cercanas a los dispositivos de entre el 8% y 49%. En esta línea, los accidentes con resultado de lesiones leves también bajaron entre un 8% y un 50%; mientras que se redujeron entre un 11% y un 44% en el caso de lesiones graves o fallecidos.
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